7 de marzo de 2013

Educar con buen humor

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Los hijos necesitan un ambiente en el que, habitualmente, se esté de buen humor. Cuando esto no ocurre, el hogar va cayendo poco a poco en un sopor parecido a la tristeza, que no lleva a nada ni libera de los problemas. Por lo tanto, fomentar el buen humor empieza por nosotros mismos, los padres. Si queremos ganarnos el afecto de los hijos y lograr que crezcan con un carácter enérgico es necesario que colguemos los problemas en el perchero, al entrar a casa. Y también que nos decidamos a sonreír. Estar de buen humor no cuesta tanto, y además es mucho más gratificante. Hay que esforzarse por sonreír, aunque a veces se haga difícil. Poniendo ganas, acabará por enraizarse en el carácter un sólido sentido del humor.

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