21 de diciembre de 2016

Un sonámbulo en casa: medidas preventivas para ayudarle

Un sonámbulo en casa: medidas preventivas para ayudarle
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Una de las características más evidentes del sonambulismo es caminar dormido con los ojos abiertos pero no es la única. Muchos chicos simplemente se dedican a encender y apagar la luz de la mesilla de su cuarto o pasan un buen rato sentados en su cama sin hacer absolutamente nada más que mirar inexpresivamente.
El sonambulismo suele aparecer por regla general entre los 4 y los 15 años, tiene carácter hereditario y, aunque parezca mentira, suele afectar a un 15 por ciento de los niños. En principico, suele manifiestarse durante la infancia y desaparecer durante la adolescencia.

Claves para identificarle
Identificar a un chico sonámbulo suele resultar bastante sencillo. Es cierto que en las películas estamos cansados de contemplar a sonámbulos peligrosamente subidos al alfeizar de una ventana o caminando al borde de un precipicio, pero afortunadamente la realidad suele ser bastante distinta y, por supuesto, mucho menos peligrosa.
A estas edades, lo más habitual es que se levante a hacer pis y en vez de encaminarse hacia el servicio lo haga hacia la cocina, el salón u otro sitio igualmente poco apropiado. O que coja la ropa de su cama y la lleve al cuarto de su hermano, regresando más tarde a su cuarto para continuar durmiendo plácidamente sobre el colchón.

¿Cómo se manifiesta?
Una de las características más evidentes del sonambulismo es caminar dormido con los ojos abiertos pero no es la única. Muchos chicos, por ejemplo, simplemente se dedican a encender y apagar la luz de la mesilla de su cuarto o pasan un buen rato sentados en su cama sin hacer absolutamente nada más que mirar inexpresivamente.
Durante este tiempo nuestro hijo estará profundamente dormido. A pesar de ello, será capaz de realizar movimientos y acciones de todo tipo. No necesitará pararse a pensar si debe abrir o no la puerta del salón para ir a la cocina. Se trata de una acción que ha realizado mil veces y que puede llevar a cabo, perfectamente, de una manera totalmente inconsciente. De igual modo, podrá cambiarse de ropa, quitarse el pijama, abrir el grifo del baño...
Precisamente por ello, no debemos preocuparnos en exceso. Al encontrarse en un entorno perfectamente conocido y caminar con los ojos abiertos, el chico será capaz de evitar cualquier colisión o peligro.

Los orígenes
Para la mayoría de los expertos, el sonambulismo posee marcado carácter hereditario. Casi sin ninguna explicación, este tipo de trastornos suele repetirse y transmitirse en algunas familias, lo que indica una posible base genética.
La incidencia en niños y niñas es prácticamente similar aunque algunos estudios apuntan una repercusión ligeramente superior entre los hijos varones.
En algunos casos, los episodios de sonambulismo se encuentran asociados, asimismo, a otros problemas como los terrores nocturnos e, incluso, a la enuresis, aunque esto no quiere decir que nuestro hijo vaya a padecer ninguno de estos trastornos.
Es más, son muchos los chicos y chicas que padecen sonambulismo que jamás han sufrido pesadillas o han mojado la cama.

Ayudarles es posible
Evidentemente, en todos estos casos nuestra actitud, a pesar de la sorpresa preliminar, debe pasar por la comprensión más absoluta. No riñamos nunca a nuestro hijo por este tipo de episodios, principalmente porque cuando a la mañana siguiente le pidamos explicaciones él no recordará absolutamente nada.
Si observamos que nuestro hijo se levanta por las noches, ante todo debemos procurar no despertarle, pues podríamos crearle una situación realmente angustiosa. Por el contrario, intentaremos llevarle otra vez a la cama con suavidad. Pero antes intentaremos encaminarle al cuarto de baño, porque podría ocurrir que tuviera ganas de hacer pis. Es importante que no le despertemos hasta el momento en que haya recuperado el sueño normal.
Aunque los accidentes ocurren muy raras veces, siempre que estos episodios se repitan, tendremos que considerar adoptar una serie de medidas de seguridad.
En primer lugar, cerraremos con llave la puerta de casa y aseguraremos bien las ventanas.
Si vivimos en una casa con más de una planta, colocaremos vallas al principio de las escaleras. Tampoco debemos acostarle en camas demasiado altas.

Acciones automatizadas
En cualquier caso no debemos angustiarnos en exceso. Un sonámbulo solo es capaz de realizar aquellas acciones que tiene automatizadas. Es decir, probablemente nuestro hijo sea capaz de levantarse y de abrir y cerrar una puerta a la que no le echamos la llave. Pero si la puerta en cuestión se encuentra perfectamente cerrada el chico será incapaz de ponerse a buscar nuestro llavero por la casa, simplemente se dará la vuelta y volverá a la cama.
Podemos aprovechar ese momento para dirigirnos a él suavemente y decirle, por ejemplo, "venga cariño, tienes que volver a la cama". De este modo, conseguiremos que se dirija a su cuarto donde continuará durmiendo plácidamente.

Medidas preventivas
A parte de todas las medidas que ya hemos comentado también podemos adoptar una serie de precauciones antes de que nuestro hijo se vaya a la cama.
Así, por ejemplo, podemos intentar que el chico no se acueste nunca sin haber ido al baño, sobre todo si existe una posible relación con episodios de enuresis.
También intentaremos que su habitación se encuentre lo más libre de ruidos que sea posible, de tal forma, que su sueño sea tranquilo y reparador.
Si aún así nuestro hijo sigue padeciendo frecuentes episodios de sonambulismo podemos intentar anotar el tiempo que transcurre desde el momento en que se duerme y aquél en el que se inicia el episodio en cuestión.
De esta forma podremos despertarle 15 minutos antes del momento previsto y mantenerle completamente despierto durante cinco minutos.
Esta operación la podremos repetir durante varias noches seguidas con el fin de atajar este tipo de episodios.

Para pensar...
Procuremos que nuestro hijo no se acueste muy cansado. En estas condiciones es mucho más fácil que se manifieste el sonambulismo.
Tampoco debemos consentir que el chico se habitúe a acostarse demasiado tarde, sobre todo si está enfermo o cansado. Un niño exhausto es un niño con altas posibilidades de padecer este tipo de trastornos.
Es importante que comprobemos que los episodios de sonambulismo de nuestro hijo no se encuentran relacionados con otros factores como los problemas de respiración. En ocasiones una apnea obstructiva puede ser uno de los desencadenantes.
Intentemos informarnos sobre el sonambulismo, no solo acudiendo al medico sino adquiriendo algunos libros o revistas que nos propongan soluciones prácticas.
De este modo será mucho más sencillo ayudar a nuestro hijo.
No es que nuestro hijo deba cortar de raíz sus salidas a casa de amigos o primos para dormir, pero es bueno que pongamos sobre aviso a los adultos que les acompañen. Ellos deberán vigilarle atentamente para evitar que el chico sufra cualquier percance durante la noche.

...Y actuar
No podemos dejar a nuestro hijo al margen del problema. Aprovechemos la claridad del día para explicarle qué le ocurre y por qué. Puede que en nuestra familia hayan existido otros casos que podremos utilizar de ejemplos para analizar y quitarle importancia al problema.
Marina Berrio

Asesora: Lucía Herrero. Psicóloga y orientadora familiar

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