El estrés, una enfermedad emocional

El estrés, una enfermedad emocional
8 de noviembre de 2018 ISTOCK

Ante una señal de alerta o una amenaza, todo el cuerpo se activa. Desde el cerebro, las glándulas suprarrenales activan una serie de moléculas y una de ellas es el cortisol, la hormona del estrés, de la supervivencia y de la ansiedad. El cortisol es bueno en dosis pequeñas porque nos activa y nos permite enfrentarnos a ese reto, a esa amenaza que tenemos delante. ¿Qué pasa? Que, si nosotros sentimos esa amenaza constante, estamos con un león que nos está mirando y sufrimos por ello. Nuestro cuerpo empieza a tener elevados niveles de cortisol.

Para darnos cuenta de ello lo más importante es tener una idea: nuestra mente y nuestro cuerpo no distinguen lo que es real de lo que es imaginario. Son tan terribles para nuestro cuerpo las amenazas reales, el león que aparece delante de mí, el incendio, el fuego, una bomba, que la sensación en mi cerebro y en mi pensamiento de "qué pasa si me atacan, si me arruino, si pierdo mi trabajo, si me abandona mi marido". Nuestra mente y nuestro cuerpo no distinguen esas dos amenazas, la física o real, de la imaginaria. Por lo tanto, cuando las personas viven constantemente bajo altos niveles de estrés, de angustia, de preocupaciones...

El 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero nuestro cuerpo y nuestra mente lo viven como si fueran reales. Uno a medida que se va observando y se da cuenta que vive en ese estado de alerta, cuando el cuerpo empieza a dar señales -dolores de cabeza, migrañas, taquicardias, parestesias, se nos duermen las manos, sequedad de boca, problemas gastrointestinales, musculares, neurológicos* Yo suelo decir que la ansiedad es a la mente, lo que la fiebre es al cuerpo.

Cuando una persona vive constantemente preocupada por algo, con altos niveles de estrés, ese cortisol que es cíclico, porque por las noches es más bajo y luego va subiendo hasta que su tiene su pico más alto a las ocho de la mañana, se cronifica. Esto significa que se eleva, nos intoxicamos, yo llevo la intoxicación por cortisol, es decir, no conseguimos que baje. Y este cortisol tóxico tiene tres efectos en el organismo: a nivel físico, a nivel psicológico y a nivel de conducta o comportamiento.

A nivel físico, quien no ha tenido taquicardias, palpitaciones, falta de aire o dolor de pecho, sequedad de boca, el párpado que tiembla, las manos sudorosas, tensiones a nivel muscular, la articulación temporomandibular se contrae, problemas neurológicos, a largo plazo algunas enfermedades de tipo oncológicas.

A nivel psicológico, empezamos con una irritabilidad. La persona que tiene altos niveles de cortisol está estresada e irritable. Todo le pone nervioso, todo le molesta, muy poca tolerancia a la frustración. Esa irritabilidad se asocia también a fallos de la memoria, la zona de la memoria es la zona del hipocampo, tiene una alta sensibilidad al cortisol, por eso tenemos fallos constantes de memoria. Problemas de concentración, la corteza prefrontal, zona del cerebro que se encarga de la concentración, disminuye el flujo de sangre en personas con altos niveles de estrés. Y, si se alarga, las personas tienden a ponerse tristes.

Muchas depresiones vienen de estados de ansiedad permanentes, tienen una base en el estrés. Y, asimismo, a nivel psicológico, el sueño; si estamos hablando que el cortisol es cíclico, que está profundamente ligado al sueño, las personas con altos niveles de cortisol no consiguen dormirse o, si se duermen, tienen microdespertares o, cuando se despiertan por las mañanas, tienen la sensación de no haber descansado nada.

A nivel de conducta, una persona con el cortisol alto, con altos niveles de estrés, no quiere relacionarse, quiere estar sola, le cuesta interactuar, prefiere estar en silencio, prefiere no ir a planes sociales y tiende a aislarse.

Marisol Nuevo Espín
Asesoramiento: Marián Rojas-Estapé, psiquiatra y autora del ibro Cómo hacer que te pasen cosas buenas

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