7 de marzo de 2012

La amargura de los conflictos de pareja

La amargura de los conflictos de pareja
HACER FAMILIA
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La amargura de los conflictos de pareja no siempre se pueden resolver. Hay muchas parejas que consiguen una buena relación y su amor no muere porque han entendido qué tipo de problemas formarán parte de su relación, del mismo modo que al ir envejeciendo convivimos con enfermedades crónicas.

Es curioso cómo ante las enfermedades físicas, asumimos la medicación que hay que tomar a diario, la dieta que debemos hacer y las nuevas costumbres que necesitamos adquirir. Sabemos que viviendo de ese modo, no sentiremos las limitaciones que la patología produce. Sin embargo, en el matrimonio hay conflictos que debemos asumir, tratar, sobrellevar y cambiar de modo de actuar para que no nos limiten, y no lo hacemos.

¿Por qué funcionamos así en pareja?

Nos cuesta aceptar que las personas son de una manera determinada y no como a nosotros nos gustaría que fuesen. Esta actitud de lucha permanente por hacer cambiar a los demás, produce desasosiego y mal estar.

Cuando elegimos a un compañero para toda la vida, estamos eligiendo una serie de problemas insolubles con los que tendremos que convivir. Los matrimonios prosperan si sabemos manejar del modo más inteligente los problemas que hemos elegido.

En los matrimonios inestables los problemas perpetuos se quedan estancados en lugar de tratarlos de forma efectiva. Es importante explorar las causas, a veces ocultas, que provocan el estancamiento. No solemos darnos cuenta de que investigando los sueños que cada uno tiene en la vida, e intentando compartirlos, se avanza mucho en la relación. Es más fácil salir del atolladero buscando un punto de acuerdo, de disfrute, de ilusión, que revolviendo los defectos, las limitaciones las cosas mal hechas o las omitidas.

¿Qué hacer ante un conflicto de pareja?

1.  Sentir que nos comprenden para poder cambiar algo que no estamos haciendo bien.

2.  Que las discusiones se planteen con suavidad y no con violencia. No debemos plantear los problemas por la noche, agotados de todo el día. Nos dormiremos con la preocupación y el malestar, si es que conseguimos dormir.

3.  Aprender a manejar la tensión que provocan las discusiones para no perder los nervios.

4.  Llegar a un compromiso que demuestre que avanzamos, que hay buena voluntad.

5.  Buscar el modo de introducir en la rutina diaria algo que agrade, que descanse, que haga bajar la tensión que los problemas producen. Cada uno sabe lo que le descansa y lo que le hace disfrutar. Es sano ponerlo en práctica para no estallar.

6.  Ser tolerantes con las imperfecciones del otro. Las nuestras siempre nos parecerán de índole menor.

Si una de las dos personas se siente incomprendida, rechazada o juzgada, no aceptará nunca la ayuda. Para poder enfrentarse a resolver cualquier tipo de problema, es imprescindible mostrar la aceptación de la personalidad del otro. Todos lo necesitamos. Podemos hacer muchas cosas mal, pero tener la certeza de que a pesar de los pesares nos quieren como somos.

Mónica de Aysa. Máster en Matrimonio y sexualidad

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