30 de enero de 2015

Annie, la magia de la ilusión

Annie, la magia de la ilusión
COLUMBIA PICTURES

A ritmo de hip hop y el R and B empieza Annie, la magia de la ilusión. La secuencia inicial está llena de gancho y dura apenas dos minutos. Se trata de un breve número musical sobre las injusticias sociales y que anticipa al espectador lo que va a ver: Una niña de 11 años llena de carisma y optimismo que vive en una casa de acogida con otras cuatro niñas y sueña con el día en que vuelva a reunirse con sus padres.

Su vida, privada de afecto y oportunidades, es sin embargo, una ocasión única para que la popularidad de un magnate de las telecomunicaciones metido en política suba como la espuma. Hip hop, afroamericanos, redes sociales, oportunismo, superlujo y barrios bajos: Nueva York.

Annie es una película que atrapará al público infantil y juvenil desde el primer momento. Los que conocen la versión antigua tienen que verla sin escepticismo. Annie, la nueva Annie es una revisión más que interesante de un clásico irrepetible. No es la película de John Huston del año 82 ni lo pretende, ni es una copia con canciones adaptadas a los ritmos nuevos.

Annie, la tercera película más vista en EE UU

Consciente del mundo en que vivimos y viven los jóvenes en las ciudades postmodernas, la Annie de 2015 vive en una casa de acogida y no en un orfanato. Su tutora legal es una mujer alcoholizada y ruda, pero no una arpía maltratadora. El millonario que la invita a su casa es dueño de una compañía de móviles que se postula para alcalde y no un empresario anticomunista... Todo ello habría sonado demasiado lejano e irreal para las generaciones de hoy. No estamos ante una gran película llena de aciertos y momentos únicos en la historia del cine, sino ante una historia consciente de lo que es: entretenimiento 100%.

Annie, el interesante remake del famoso de Broadway

Will Smith y Jadda Pinket Smith, productores de la película, han sacado adelante este proyecto de la mano de su gran amigo Jamie Foxx, un grandísimo actor que ha estado muy vinculado a las películas musicales dada su faceta, en España algo desconocida, de cantante de hip hop y R and B. Junto a él una portentosa niña, Quvenzhané Wallis, que con 11 años ya ha dado muestras de todo el potencial interpretativo que se puede tener desde la cuna. Ellos son los artífices de un montón de números musicales asombrosos en los que los ritmos y coreografías hacen que se disparen los pies en la sala de cine. Pero, sobre todo, son los protagonistas de una historia de amor paternofilial en la que se salvan el uno al otro. Porque en esto radica la grandeza de esta obra universal, de esta Annie de Broadway, de John Huston o del director Will Gluck de hoy, que Annie es una niña que con su buena voluntad, su optimismo, su esperanza en que su vida será mejor y, sobre todo, su amor a los demás, logra cautivar a todos los que le rodean, al magnate millonario y a la directora de ese hogar de acogida, adorable Cameron Díaz en su papel de "mala" y que lleva en su personaje otra interesante reflexión: El dolor de esa mujer que una vez abandonada la juventud, sola y sin familia, es una persona amargada y frustrada porque en su vida no hay amor. Sólo cuando todos aceptan su realidad y cuando son conscientes de que se necesitan los unos a los otros, logran redimirse y encontrar, al fin, la felicidad.

Aunque narrativamente tiene algunos peros ya que la trama patina en su tercio final y la resolución del conflicto flaquea, como si hubieran querido que todo se arreglase muy deprisa, no se puede olvidar que estamos ante una película que quiere atrapar a nuevas generaciones, a esas que no sienten especial interés por el clásico que, no nos engañemos, es muy superior a éste.

Con todo, padres e hijos disfrutarán de esta historia imperecedera, divertida, bailable y única que mira de frente los problemas del mundo urbano y supercomunicado en que vivimos y les dice: El sol brillará mañana...

Belén Ester Casas

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