16 de abril de 2019

Alimentos procesados: falsos mitos

Alimentos procesados: falsos mitos
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Las nuevas tecnologías incorporadas a la producción alimentaria permiten encontrar en las estanterías de cualquier supermercado una gran variedad de alimentos procesados, seguros y asequibles, que contribuyen a mantener una dieta equilibrada.

La transformación de alimentos facilita un aumento de variedad en la oferta y la prolongación de su vida útil y su conservación, lo que resulta de ayuda para nuestra nutrición diaria.

Las ventajas de los alimentos procesados

Los alimentos transformados (en inglés processed) o procesados no solo facilitan que el consumidor pueda mantener una alimentación variada, sino también saludable. "Las nuevas tecnologías incorporadas a la producción alimentaria permiten encontrar alimentos adaptados a las necesidades de todas las personas, incluidas aquellas con alergias o intolerancias", asegura la profesora Olga Martín Belloso, catedrática de Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Lleida y experta de InfoAlimenta.

Martín Belloso explica, además, que "la transformación de los alimentos facilita la prolongación de su vida útil y su conservación, lo que permite disminuir en gran medida el desperdicio alimentario. A esto hay que añadir que, sin los alimentos procesados, tan solo podríamos consumir productos de temporada, lo que, hablando en términos globales, no sería suficiente para satisfacer las necesidades alimenticias de toda la población mundial".

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La profesora Martín Belloso añade otra ventaja de los alimentos procesados. "Con la transformación y el sometimiento a distintos procesos tecnológicos se facilita la digestibilidad de ciertos nutrientes que, de otro modo, o no se absorberían bien, o directamente no se absorberían". Añade, también, que "las rigurosas normas de higiene y seguridad en la industria alimentaria garantizan que estos alimentos gocen de una alta calidad en todos los sentidos (nutricional y de seguridad alimentaria)".

Pero, ¿qué es un alimento procesado?

La legislación define la transformación de alimentos como cualquier acción que altera sustancialmente el producto inicial, incluido el tratamiento térmico, el ahumado, el curado, la maduración, el secado, el marinado, la extracción, la extrusión o una combinación de estos.

Los productos que se consideran transformados o procesados son los que se obtienen de la transformación de los alimentos sin procesar (entre los que se incluyen aquellos que hayan podido ser sometidos a operaciones como la congelación, picado, rebanado, molido, etc.). Para su elaboración final pueden incluirse ingredientes adicionales que sean necesarios para su correcta elaboración o para conferirles las características específicas que los diferencian de los demás.

Según la legislación vigente, los alimentos transformados no coinciden con lo que en muchos medios definen como "procesados", pues en la definición de productos "sin transformar", también se incluyen todos aquellos productos que hayan sido divididos, partidos, seccionados, rebanados, deshuesados, picados, pelados o desollados, triturados, cortados, limpiados, desgrasados, descascarillados, molidos, refrigerados, congelados, ultracongelados o descongelados, ya que no han sido sometidos a una operación de transformación. "Por ejemplo, una pieza de pescado que haya sido sometida a limpieza, corte, y congelado no se consideraría un alimento transformado según la legislación", afirma la profesora Martín Belloso.

La transformación de los alimentos en la historia

Desde la Prehistoria, el hombre ha transformado los alimentos para su mejor masticación y digestibilidad, pues con el fuego se conseguían ablandar tejidos y mejorar la digestión de las proteínas que contenía la carne.

Más tarde, durante la Edad Media, se incorporaron algunos métodos de conservación como el secado, el ahumado o el salado, lo que contribuyó a que se pudiesen comer alimentos como el pescado o la carne durante todo el año, incluso cuando debían hacer largos viajes o en lugares alejados de las costas o de zonas ganaderas.

Por otro lado, a lo largo de la Revolución Industrial se desarrollaron las fábricas conserveras para el enlatado y la pasteurización de alimentos. En la primera mitad del siglo XX, la producción de alimentos se centró en proporcionar alimentos enriquecidos y/o fortificados, y con alto valor energético para disminuir la malnutrición que sufría la población tras las guerras mundiales.

Hoy en día podemos encontrar alimentos transformados de todo tipo (carne, pescado, verduras, arroz, pasta, sopas, entre otros) que nos permiten disfrutar de una amplia variedad de opciones, sin renunciar a nuestro ritmo de vida. Las tecnologías de procesamiento y envasado ayudan a responder a las limitaciones de tiempo modernas ofreciendo numerosas alternativas de sencilla preparación y/o consumo, que facilitan las comidas de muchas personas a diario.

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