27 de febrero de 2019

Ideas para que los niños se comporten igual de bien en el cole y en casa

Ideas para que los niños se comporten igual de bien en el cole y en casa
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Es una escena relativamente habitual. Los padres llegan a la primera tutoría de su retoño, cargados de dudas sobre cómo manejarlo en casa, donde su comportamiento deja mucho que desear. Y se sorprenden cuando la profesora les cuenta que su hijo se porta extraordinariamente bien en el aula. ¿Por qué no conseguimos que los hábitos que mantienen en clase también funcionen en el hogar?

Algunos niños se comportan de forma diferente según el contexto en el que se encuentran. Uno de los ámbitos en los que se produce mayor diferencia es en casa, frente a la escuela infantil. Los padres están acostumbrados a que su hijo en casa actúe de una manera determinada y cuando tienen la tutoría en el centro educativo descubren que la imagen que la tutora tiene de él es muy diferente.

Diferencias de comportamiento entre casa y el colegio

- Obediencia: en la escuela tienden a obedecer a la primera sin necesidad de que se les repita la orden repetidas veces. Por el contrario, en casa hacen oídos sordos frente a las órdenes que se les dan. Para lograr que realicen lo que se les pide es necesario repetirlas insistentemente, e incluso llegar al enfado.

- Orden: en la escuela infantil tienen muy adquirida la rutina del orden, especialmente, cuando tienen que recoger algo que han utilizado. Forma parte de sus hábitos diarios mientras que en casa tienden a evitar hacer el esfuerzo de recoger y es otro momento más de conflicto con los padres.

- Rutina de comportamiento: los niños en el centro tienen muy interiorizado dónde tienen que ir en cada momento, cómo comportarse o qué hacer. Es una cuestión trabajada convertida ya en hábito. En casa, a pesar de que a los padres les gustaría que existieran también esas rutinas, carecen de ellas.

- Reacción ante las órdenes: generalmente ante los profesores la actitud suele ser más sumisa, el tono que utilizan para las respuestas es correcto, mientras que con los padres suelen tener reacciones más explosivas que ocasionan enfrentamientos verbales que, en muchos momentos, generan tensión familiar.

- Hábitos alimenticios: la mayoría de los niños tienden a comer lo que toca, lo que hay, sin protestar puesto que saben que no hay otra opción. Incluso llegan a ser capaces de probar todos los alimentos y a mantenerse sentados de forma disciplinada mientras están comiendo, y lo hacen ellos solos. En casa, en cambio, tienden a protestar por la comida diciendo que no les gusta, que no les apetece o que quieren otra cosa. Intentan saltarse alguno de los platos y, sobre todo, se vuelven más cómodos a la hora de comer.

- Hábitos de sueño: son capaces de dormir junto a otros niños, lo que implica más ruido, con algo de luz y por sí solos sin necesidad de ayuda. En cambio, en casa pueden mostrar inconformidad inicial con el hecho de tener que ir a dormir. Para lograr que concilien el sueño a veces se intenta facilitar menos ruido, menos luz y, sobre todo, pueden llegar a demandar la presencia del padre o la madre.

- Autonomía: este es uno de los aspectos que mayor sorpresa suele producir a los padres cuando desde la escuela infantil se les traslada que su hijo es capaz de hacer por su cuenta una lista generosa de tareas que en casa ni imaginan.

Analiza las diferencias de comportamiento de tus hijos

Es interesante analizar estas diferencias existentes entre la escuela infantil y el hogar para saber cuál es la causa puesto que es el mismo niño. ¿Por qué se porta bien en el cole y en casa no? Esto nos tiene que hacer reflexionar sobre cómo en función de cómo actuemos con los niños pueden llegar a ser o a comportarse. Es decir, un niño no es ordenado o desordenado porque sí, no es obediente o desobediente sin causa externa, sino que es o no es de una manera en función de cómo le hayamos enseñado a ser.

Hay que contar, también, con que todos ellos tienen una base genética que facilita más o menos que pueda ser de una manera u otra, sin embargo, el componente más importante es el contexto y, en este caso, la aportación que el adulto haga sobre él.

Cuando una familia se encuentre en una situación de este tipo en la que, al hacer la tutoría en la escuela infantil, le dicen que tiene un hijo modelo, que responde bien a las conductas, se porta bien y piensan que le están hablando de un niño diferente a su hijo, deben tratar de actuar y pensar que el modo en el que le están educando o lo que le están proporcionando desde casa le genera empobrecimiento al niño, puesto que puede llegar a dar mucho más de lo que con ellos da.

¿Cómo lograr que se porte tan bien en casa como en el cole?

1. El consejo de los que saben. Este aspecto es muy importante porque en muchas ocasiones desde la familia se trabaja justo lo contrario a lo que se está haciendo en la escuela y las consecuencias no solamente son que el niño percibe incoherencias y, por tanto, elige la conducta que más le interesa, sino que, además, perdemos autoridad ante ellos, y ese es uno de los problemas más graves que podemos tener como padres.

Completar nuestra formación como padres a través de libros específicos de editoriales especializadas en la materia, de revistas y páginas web que inspiren nuestra confianza y que no solo se dediquen a ilustrarnos sobre los cuidados físicos sino que ahonden en la educación en valores, es una labor que todos los padres deberían llevar a cabo.

2. Objetivos claros. Una de las diferencias mayores existentes entre la escuela y la familia es que la profesora que trabaja con nuestros hijos se plantea unos objetivos determinados y una metodología específica de cómo los va a lograr. En la familia, la mayoría de las veces, no se hace esta reflexión de qué quiero lograr con mis hijos y cómo lo vamos a hacer, sino que se tiende a trabajar sobre la marcha, en función de las necesidad que surjan en el día a día.

Esta actitud de dejarse llevar por el día a día es peligrosa porque entonces no estamos manejando el rumbo de la educación de nuestros hijos, sino que estamos dejándola en manos de la vida, del azar o las circunstancias y es un aspecto muy importante como para que no llevemos las riendas de forma consciente y premeditada.

Así, lo primero que debemos hacer es plantearnos con cada uno de nuestros hijos de manera aislada e independiente, ya que son diferentes, unos objetivos de trabajo, pensar qué queremos trabajar con cada uno de ellos en función de lo que necesiten y de su modo de ser.

3. Organizar los ritmos. Desde la escuela, a pesar de que se plantean una serie de objetivos para lograr con los niños, es importante la temporalización, es decir, pensar cuándo vamos a trabajar cada tema con cada uno de ellos. En este punto reside el éxito de su educación. No podemos pretender trabajar todo a la vez.

Desde casa deberíamos seguir la misma pauta. Una vez que hemos reflexionado y pensado qué objetivos queremos lograr con cada uno de nuestros hijos, el siguiente paso sería pensar qué orden vamos a seguir a la hora de trabajarlo y, para no equivocarnos en este proceso, lo conveniente suele ser plantearse objetivos pequeños y aislados, preferiblemente.

De este modo nos centraríamos de manera exclusiva en ese aspecto que queremos trabajar para poderle dedicar todo el esfuerzo, tiempo y recursos y así lograrlo con éxito. Una vez lo hayamos logrado, el niño lo tendrá totalmente automatizado y podremos pasar a otro objetivo nuevo.

Sin embargo, a los padres les suele preocupar este ritmo lento en los objetivos planteados, o que los niños mantengan conductas negativas en otros aspectos sobre los que no estamos trabajando, incluso que resulte perjudicial no corregirlos. Es normal que tengamos esta inquietud pero, salvo si se trata de situaciones graves en las que sí debamos actuar, resulta más positivo obviarlas y centrarnos en el objetivo planteado.

María Campo. Directora de NClic

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