29 de abril de 2019

La carga mental, un lastre para las madres

La carga mental, un lastre para las madres
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Tener en la cabeza un listado infinito de cosas por hacer es el eje de la carga mental que soporta la mujer. No es hacerlo, sino pensar en lo que hay que hacer, cómo y cuándo hacerlo... porque estar pendiente de todo supone planificar, comprobar, anticiparse, supervisar y estar constantemente tomando decisiones.

En los últimos años, se ha acuñado el concepto de "carga mental" que hace referencia a la responsabilidad extra que soportan las mujeres al tener que hacerse cargo de la gestión de gran parte de las tareas de la casa y la organización familiar.

A este respecto, la asociación Malasmadres elaboró en 2017 un estudio sociológico Somos Equipo, en el que analizaba el estado actual del reparto de tareas y la conciliación en nuestro país. Según su portavor y fundadora, Laura Baena, en España aún estamos lejos de alcancar la corresponsabilidad en el reparto de tareas a juzgar por ese 45,2 % de las mujeres que, conviviendo en pareja y aportando la misma cantidad de dinero al hogar que sus parejas, declaraba ser la principal responsable de las tareas doméstico-familiares.

Por una responsabilidad compartida

Un estudio más reciente aún, Por una responsabilidad compartida, realizado por P&G y Salvetti Llombart, en octubre de 2018, con una muestra de 2.409 individuos con una edad comprendida entre 25 y 49 años, entre los que se incluyen hombres y mujeres viviendo en pareja con y sin hijos, reveló que el 63 por ciento de las madres frente al 25 por ciento de los padres afirman que todos los días tienen en mente un listado infinito de cosas por hacer.

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Ese run-run que no para ni de día ni de noche se llama carga mental y se entiende como la cantidad de esfuerzo mental deliberado que debe realizarse para conseguir una cosa en concreto.

En el ámbito doméstico debemos distinguir entre el trabajo físico o ejecución que centra en el acto, como puede ser el hecho de ir al supermercado, poner una lavadora, llevar el coche al taller, pedir cita con el pediatra... que en ocasiones es compartida con la pareja. Y por otro lado, el trabajo mental de planificación que supone estar pendiente de todo: saber qué hace falta, organizar, planificar, comprobar, anticiparse, supervisar, tomar ciertas decisiones, etc y que la mayor parte de las veces es asumida por la mujer.

Es una realidad, según el estudio, que 3 de cada 4 mujeres sufre carga mental, y esta carga mental se incrementa en el momento en que la mujer se convierte en madre. Así, una de cada tres madres que va a trabajar se acuerda de las cosas que debe hacer relacionadas con su familia o el hogar, el 87% de las madres sienten que son las responsables de que todo en casa funcione y el 91% de las madres afirma que si no están ellas al tanto de las pequeñas cosas del dia a día nadie lo estará.

La carga mental es silenciosa

Lo curioso es que el 44 por ciento de las mujeres desconoce el concepto de carga mental, aunque lo sufra y el 45% nunca ha hablado del problema con nadie.

¿Por qué es silenciosa la carga mental? Existen varias razones: por un lado, porque históricamente la gestión doméstica ha sido entendida como algo que hacen las mujeres como parte de su naturaleza, por otro porque la sociedad no reconoce, valora ni remunera los cuidados domésticos coo un trabajo, pese a que este tipo de cuidados son un pilar fundamental para la economía y por último, porque aunque en la mayoría de los hogares actuales la ejecución de las tareas está ya muy repartida y es equitativa, y esto hace que pensemos en una co-responsabilidad, en realidad la persona que está supervisando, coordinando y comprobando todo, sigue siendo la mujer. Así, el 82,5 por ciento de las padres aseguran que cuando se van de casa sienten que tienen que dejar instrucciones frente al 38 por ciento de los hombres.

La carga pesa menos si se comparte

Entre los primeros pasos que debemos dar para descargarse mentalmente figura el que las dos personas de la pareja sean conscientes de que la carga mental existe y estén dispuestas a compartirla. Para ello, el hombre ha de reconocer el desequilibrio de la balanza y asumir nuevas responsabilidades en el trabajo doméstico y en los asuntos familiares. Y por otro, confiar y adaptarse a la nueva situación en la que toda la familia se co-responsabilice del funcionamiento del hogar.

Aprender a aceptar y a relativizar nuestra rutina, asumiendo que es imposible tenerlo todo controlado y que lograr la perfección es imposible, es necesario para que la carga mental no pese.

Marisol Nuevo Espín

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