23 de junio de 2017

El síndrome de la agenda vacía: ¿qué hacer sin cole?

El síndrome de la agenda vacía: ¿qué hacer sin cole?
ISTOCK

Cuando los niños comienzan sus vacaciones escolares, el estrés de los padres se eleva al tener que organizar actividades infantiles que cubran el horario escolar durante su jornada laboral, planear las vacaciones familiares, hacer malabarismos para conciliar el trabajo con las relaciones familiares, entre otras cosas. ¿Qué hacer sin cole? Esta es la gran pregunta que se plantean muchos padres cuando termina el colegio y la agenda de sus hijos está vacía.

El reto de conciliar trabajo y familia cuando termina el colegio y aparecen las dificultades para cuadrar los horarios de padres e hijos hace que aumente el estrés, la ansiedad, la angustia y el agobio en las familias, "lo que provoca un crecimiento de un 30% de las consultas relacionadas con terapia de familia", como explica Verónica Rodríguez Orellana, terapeuta y Directora de Coaching Club.

Esta búsqueda de ocio para los niños termina en muchos casos en una sobreocupación infantil en la que casi es imposible que los pequeños puedan descansar en verano. Este exceso de actividad y deberes tanto en los niños como en los adolescentes en una temporada que está pensada para el descanso, se agrava en el caso de niños de corta edad, víctimas cada vez más acentuadas de la sobreocupación y de la supeditación a unas agendas que poco difieren de los requerimientos de la de sus padres.

Esta proliferación de actividades y obligaciones extra-escolares afecta a la calidad de las relaciones familiares. "Además de las obligaciones escolares habituales, muchos niños y adolescentes reciben clases adicionales de idiomas, de apoyo en algunas asignaturas, disciplinas artísticas, deportes, etcétera; con lo que se sumen en una dinámica incesante de programas recargados desapareciendo los espacios para el juego, el ocio o el entretenimiento", explica la terapeuta de Coaching Club.

Pánico a la agenda vacía

La tendencia a mimetizar el mundo infantil con el muchas veces angustioso ritmo de vida de los adultos está afectando a las relaciones familiares. "En la frenética vida laboral de los padres, se da la situación de que no logran transmitir a sus hijos las experiencias de ocio o los juegos propios de la infancia. Al contrario se empeñan obsesivamente en que no adolezcan de carencias que observan en sí mismos, recargando sus obligaciones hasta límites inasumibles", afirma Verónica Rodríguez Orellana.

Algunos padres que acuden a sesiones de coaching y terapia, "no son conscientes en ocasiones de hasta qué punto es positivo que los pequeños dispongan de un tiempo de distensión, de descanso, hasta incluso de aburrimiento y tedio que posibilite que se ponga en marcha su imaginación y su creatividad, habilidad clave para completar el proceso educativo", afirma esta experta.

La exigencia pasa factura a niños y familias

Los padres deben tener muy en cuenta que ese cúmulo de actividades y de obligaciones disminuye la capacidad de sus hijos para percibir y conectarse con sus propias necesidades emocionales, así como para desarrollar sus propias aptitudes personales y su talento.

"Los primeros síntomas que nos indican a las claras que un niño empieza a padecer de sobrecarga serían la pérdida de apetito, las dificultades para conciliar el sueño, la creciente irascibilidad, la dificultad para relacionarse socialmente o la disminución del rendimiento académico, además de las consecuencias de un estrés sobrevenido cuando sienten una desproporción entre las demandas exigidas y las posibilidades y recursos en sus manos para tratar de satisfacerlas", explica Verónica Rodríguez Orellana.

¿Qué pueden hacer los padres para evitar el síndrome de la agenda vacía?

Estos son los puntos más importantes:

1. Comprar pocos juguetes. Sólo los que estimulen la imaginación de los pequeños.
2. Evitar los juguetes electrónicos.
3. Evitar la carga excesiva de actividades.
4. Enseñar a los niños a aprovechar el tiempo libre y darles materiales sencillos del hogar para explorar
5. Dejar a los niños jugar libremente.
6. Estimular las actividades al aire libre. La naturaleza es una fuente inagotable de inspiración y asombro.
7. Tratar de disminuir las horas de televisión, tablet y ordenador
8. Dedicar tiempo a estar con los niños en el hogar y proponer actividades para hacer en conjunto.

Verónica Rodríguez Orellana, terapeuta y Directora de Coaching Club

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