29 de abril de 2019

Papá, tú pintas mucho

Papá, tú pintas mucho
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Muchos padres pueden creer que están cubriendo adecuadamente su papel de padres simplemente proporcionando el confort económico a la familia. Desafortunadamente, normalmente no descubren lo equivocados que están hasta que sus hijos están en el instituto, o incluso más tarde cuando ya han crecido y se han ido de casa.

La historia ha demostrado que lo que realmente necesitan los niños, como una necesidad normal y natural, es un ejemplo vivo masculino de un carácter y una conciencia firmes, un hombre que les enseñe cómo vivir las virtudes que estimamos más en las personas: convicciones, consideración activa, discernimiento crítico, responsabilidad seria y cariñosa, control sobre uno mismo... Los niños necesitan sentir, de modo callado e inconsciente, que sus padres son héroes.

El acompañamiento que el padre realiza del proceso en el que el niño construye su propia identidad es insustituible; ello explica el deseo insaciable del padre que tienen todos los hijos. En definitiva, su papel no es solo importante sino necesario.

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Cambio de papeles en el rol de padre

La psicología ha comprobado que, aunque padre y madre deben formar la conciencia en los niños, el papel de cada uno varía gradualmente. Según un estudio de Juan García Gómez, pedagogo y orientador familiar de Delphos-Cofa, la influencia del padre, en el proceso evolutivo de los hijos, sigue una tendencia desigual.

Durante la gestación y los 18 primeros meses, su influencia es casi nula, mientras que la de la madre se eleva hasta casi un cien por cien. Entre los tres y los doce años, la influencia crece de un 20 a un 40 por ciento. Sin embargo, la adolescencia es un periodo crítico y convulso y la situación da un vuelco: es el padre quien influye en casi un cien por cien... Hasta que no pase este periodo no se equiparará la influencia de ambos progenitores...

Modelos y héroes en la familia

Cualquier padre que parezca un héroe a sus hijos es objeto de una devoción para toda la vida. No es una figura lejana e inalcanzable. Por el contrario, él es el mejor amigo de sus hijos, y de modo inconsciente un modelo para sus otras relaciones. Es una fuente de felicidad, confianza, humor y sabiduría. El respeto de sus hijos por él y sus valores sirve para anclar sus años de adolescencia, para desbaratar las influencias de sus semejantes y la atracción del materialismo. Debemos enfatizarlo: este profundo respeto, como todo el respeto en los asuntos humanos, deriva de la percepción de los puntos fuertes.

Incluso en las circunstancias de prosperidad material y de consumismo de hoy en día, muchos padres disfrutan de este respeto por parte de sus hijos. Cómo se consigue esto es algo misterioso. Algunos de estos padres son muy activos y extrovertidos, líderes naturales en casa y en el trabajo. Otros, incluyendo algunos de los que conocemos con más éxito, son hombres callados y de carácter apacible, no de los que destacan en la multitud. Algunos tienen limitaciones personales obvias; tienen sobrepeso, son poco atléticos o cuentan con algún tipo de discapacidad médica. Sin tener en cuenta su temperamento o sus defectos, todos ellos tiene algo en común: sus mujeres y sus hijos les respetan profundamente por su fortaleza de carácter.

El éxito como padres

Para lograrlo, hay que anteponer siempre el bienestar de los hijos al trabajo profesional. Los hijos pueden quedar seriamente heridos por una negligencia paterna, y ninguna ventaja del trabajo -ni ascensos u otros proyectos completados- puede compensar esta pérdida.

Es triste decir que es muy común en muchos hombres al alcanzar una mediana edad o la jubilación encontrar desilusión en los resultados de la vida profesional. Algunos hombres trabajan toda su vida para construir un negocio, solo para darse cuenta al final de que todo su empeño desaparece. Los tiempos cambian. Los nuevos negocios y las prácticas reemplazan a las antiguas. Los nuevos directores deshacen lo que otros han hecho antes que ellos. No importa cómo lo miremos, el trabajo no puede ser un fin en sí mismo.

Ejercer la autoridad

¿Pero qué pasa con los hijos? Ellos resisten para siempre, puesto que sus almas son inmortales. La felicidad terrena y eterna de los niños depende, en gran medida, de la influencia de los padres en sus dos primeras décadas de vida. Esto es un breve espacio de tiempo, y solo pasa una vez. Los padres tienen una oportunidad -y sólo una- de educar a sus hijos correctamente.

Solo una adecuada educación permite que podamos llegar a ser personas. La naturaleza solo encontrara su justo camino si lucha contra su tendencia a encerrarse en sí misma, en oposición a los demás. Por eso, el padre no puede dejar de corregir a su hijo. Este amor puede generar una antipatía en el hijo, pues en algunas ocasiones, el padre deberá saber decir que no.

Si eres padre...

- Comunícate: pon un especial empeño en comunicarte más con tus hijas, pues tiendes a hacerlo más con los varones que con ellas.

- Aprovecha mucho mejor el tiempo que pasas con tus hijos e hijas. Es fundamental ver la importancia de dedicarles un tiempo de calidad.

- Mantén conversaciones más profundas de vez en cuando; en especial sobre esos temas difíciles como el de la sexualidad. Muchos padres no tomáis la iniciativa, sobre todo, con los hijos varones. La madre, en cambio, se adelanta y gana más la confianza de la hija que el padre la del hijo.

- Muéstrate más afectuoso y comunicativo, en general, con tus hijos varones: besos, abrazos, arrullos. La educación de los sentimientos y de la afectividad es también muy importante para una personalidad equilibrada y pueden tender a considerarlo cosas de chicas.

- Exigente, pero afectuoso. La figura del padre siempre va unida a la exigencia hacia los hijos en los estudios, en el comportamiento, etc. pero esta exigencia no está reñida con el afecto y la compasión, virtudes también muy masculinas.

- Adelántate. Tus hijos necesitan hablar contigo de las cosas trascendentes de la vida. No hay que esperar a que salga de ellos. El padre también debe adelantarse.

- Interésate por su día a día. Dedica aunque sea media hora al día el tiempo que estás con ellos, hablaras con tus hijos de cómo ha ido el día, de tus cosas y de las suyas. Proponte también tiempo para conversar el fin de semana.

El padre y la madre deben tener claro cuando es uno el protagonista. Según avanzan los hijos y las hijas a la adolescencia, el padre lo será cada vez más en su educación. Y la madre ha de saber estar, en esos momentos, en un segundo plano, mientras que el padre tomará más las riendas, pero como portavoz de ambos, no como una figura autoritaria.

Ignacio Iturbe
Asesoramiento: James Stenson. Fundador y director de diversas escuelas de Estados Unidos. Consultor de la Comisión Nacional para el apoyo de las Humanidades y conferenciante sobre temas educativos.

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