30 de septiembre de 2020

15 objetivos para ayudar a tus hijos este curso

  • 15 objetivos para ayudar a tus hijos este curso
15 objetivos para apoyar a los niños en su educaciónISTOCK

Comienza un nuevo curso y, este año especialmente, debido a las consecuencias de la pandemia de coronavirus en la educación y la nueva organización de los colegios, los padres nos preguntamos: ¿qué puedo hacer para ayudar a mis hijos en su educación?

Dentro de los tres escenarios posibles, el que más preocupa a los padres es el de la educación online, sobre todo, en la etapa de Educación Primaria, que comienza cuando los niños cumplen 6 años y termina a los doce. 

Son años decisivos caracterizados por reunir todas las capacidades para desarrollar su inteligencia y voluntad. Siempre habrá que tener en cuenta la peculiaridad de cada niño, pero el espíritu de la familia tiene que ser de optimismo, comprensión y exigencia.

Cada vez que comienza un nuevo curso nos enfrentamos al reto de conseguir que sea un curso bien aprovechado y también de poner en juego todas las capacidades de los niños de estas edades, que son muchas y muy variadas.

15 objetivos para ayudar a tus hijos en su educación este curso

Por este motivo, os proponemos 15 objetivos para poder ayudar a vuestros hijos de cara a desarrollar todas las posibilidades que tienen en esta edad: la inteligencia y la voluntad. No olvidéis que os encontráis en el periodo más tranquilo en la educación de vuestros hijos, y hay que saber aprovecharlo al máximo. Son algunas claves para que conozcáis el periodo evolutivo de vuestros hijos y a lo largo de todo el año, profundizaremos más en todas estas ideas.

1. Menos egocéntricos. El paso de los seis a los siete años es importante. Se deja atrás un mundo infantil y egocéntrico. Están descubriendo a los demás y los juegos en compañía de sus amigos. Son capaces de comprender el valor de la amistad. Es un buen momento para que vayan asimilando el valor del compañerismo, de escuchar a los demás, de no salirse siempre con la suya.

2. Más reflexivos. La etapa del por qué comienza a los cuatro años, pero a partir de los siete, se hacen más reflexivos y no se conforman con una respuesta simple. Les interesa enormemente conocer a fondo el por qué de las cosas y no paran de hacerse preguntas: están descubriendo el científico que todos tenemos dentro y no descansarán hasta averiguar cómo funcionan las cosas que les rodean. Por este motivo, es importante que nuestras respuestas y la de los profesores estén argumentadas. De nada sirve responder: "Esto es así porque lo dice tu madre o tu padre". Es también buen momento para ayudarles a desarrollar su imaginación.

3. El mejor momento para afianzar las virtudes. Pero el auténtico punto fuerte de esta etapa de la educación, se encuentra en las virtudes humanas que podemos desarrollar y afianzar en los hijos. Nos encontramos en los años claves para la adquisición y desarrollo de éstas. Tenemos que plantearnos las distintas formas de ir trabajando con los hijos la generosidad, la laboriosidad, la responsabilidad, la fortaleza, la constancia, el afán de superación, la justicia y el compañerismo.

4. Fuerza de voluntad. Esto nos adentra en el campo de la voluntad (carácter), sobre la que se asientan todas las demás virtudes. Hay que tener fuerza de voluntad para vencer la tendencia a la pereza, para poner el esfuerzo necesario en la concentración, para terminar lo empezado, etc. Todo esto debe estar apoyado en la educación de la voluntad. Poco ayudaremos a los hijos si son capaces de saber lo que tienen que hacer pero les falta voluntad para hacerlo. Tampoco les ayudaremos si tienen mucha voluntad pero no saben lo que tienen que hacer. Esta es la difícil tarea de ser padres: el equilibrio entre la exigencia y el amor, saber que tenemos que ayudar a los hijos pero al mismo tiempo tenemos que dejarles hacer las cosas solos para que vayan fortaleciendo su voluntad. Una premisa para ejercitar la voluntad: cuando una cosa se dice, se cumple. Cuando algo se empieza, se termina.

5. Más sistemáticos en el aprendizaje. Entre los siete y ocho años siguen asimilando conceptos a un ritmo vertiginoso para irse volviendo, poco a poco, más reflexivos y sistemáticos en el aprendizaje. Pasan a tener mucho mayor peso las habilidades básicas del pensamiento (atención, observación, clasificación, comparación, relación...), el desarrollo lingüístico y las habilidades instrumentales (lectura, escritura y cálculo). De nada servirá ser inteligente sin una buena capacidad verbal, numérica o de razonamiento: destacarán las inteligencias medias con buenas capacidades desarrolladas. Ha llegado el momento de seguir desarrollando la inteligencia, hasta la adolescencia, a través del ejercicio.

6. Hacer frente a las deficiencias. A los nueve o diez años, el niño es más consciente de sus propias dificultades. A esta edad se ponen de manifiesto las deficiencias en las habilidades que deberían dominar y no dominan. Lo importante es estar atentos a los primeros indicadores de las dificultades que pueden aparecer, sin ponerse nerviosos. Con optimismo, paciencia y constancia, se pueden adquirir esas deficiencias que no las había conseguido. Trabajando adecuadamente y desde el principio del curso, todos estos problemas se pueden ir solucionando dentro de la más absoluta normalidad. El primer objetivo es descubrir la raíz del problema.

7. Reuniones con el tutor. Para estar informado de su marcha escolar es imprescindible hablar frecuentemente con el profesor para saber la mejor forma de ayudarles en casa. Además, es muy necesario para detectar entre padres y profesores los problemas que vayan surgiendo desde el punto de vista personal y académico con el fin de trabajar coordinadamente y hacer que el niño adquiera esas habilidades.

Tareas escolares, la ayuda con los deberes

8. Tareas escolares. Cuando ayudemos a nuestros hijos en las tareas escolares, no debemos perder de vista que les estamos ayudando a desarrollar y adquirir las virtudes: ese es el principal objetivo que deberían tener los padres. Hay que estar a su disposición, pero sin sustituirles en el trabajo.

9. Fijarnos en lo que les cuesta. Todos estos aspectos que pueden parecer muy complicados se simplifican mucho si nos paramos y nos vamos fijando en las cosas que les cuestan a los hijos: si tardan mucho en ponerse a trabajar y siempre tienen excusas, si se levantan cada dos por tres de la silla y no son constantes en lo que hacen, si se olvidan de sus deberes y no le dan importancia, si no son capaces de compartir las cosas, si respetan las reglas de los juegos, si emplean su tiempo libre en las actividades planificadas con ellos...Por eso, hay que fijarse en los puntos débiles para desarrollar planes por escrito, concretos y de corta duración.

10. Marcar objetivos concretos. Una vez descubiertos los principales puntos débiles de los hijos, es muy constructivo marcar objetivos cortos y concretos, siempre centrándonos en la misma virtud durante una temporada o un problema que hay que resolver.

11. Curiosidad intelectual. Como están en un momento de curiosidad intelectual, es muy positivo que en la familia se cree ese ambiente. Un buen modo de fomentar esta curiosidad es tener libros al alcance de los niños, fomentar la lectura y crear tiempos adecuados en la casa para leer. Una forma de que participen es que nos acompañen a comprar los libros que a ellos les interesa.

12. Tertulias familiares. Otro aspecto muy importante y sencillo de poner en marcha, son las tertulias familiares para conseguir desarrollar adecuadamente la habilidad lingüística de los hijos y potenciar la curiosidad y la reflexión. Las tertulias también fomentan la participación de los hijos en temas interesantes para ellos. Es importante crear un ambiente familiar estimulante, creando un tiempo compartido padres-hijos que favorezca la conversación.

Tertulias familiares, hablar con los hijos en casa

13. Hablar con los hijos. Estas son las edades claves para ganarse su confianza y que nos cuenten lo que piensan, sienten y hacen. Nunca debemos censurarles, sino comprenderles en sus puntos de vista. Preguntar a los hijos por las cosas que van aprendiendo y las que van leyendo sin caer en el interrogatorio. Hay que procurar que sean ellos los que hablen, teniendo en cuenta que hablarán de las cosas que les gustan, no de las que les gustan a los padres. El objetivo de los padres debería ser: acotar poco a poco los temas de conversación, pero dentro de los campos en los que se manejen los hijos. Estos objetivos también habría que conseguirlos con los hijos más introvertidos. Con ellos habrá que buscar miles de trucos para que cuenten cosas y pregunten. Perseverar hasta que sean capaces de participar en la tertulia familiar. No deberíamos olvidar que sólo se les debe forzar a participar hasta un cierto límite, para que no terminen odiando la situación. En esto, como en todos los campos de la educación, una de las principales virtudes que tenemos que ejercer es la paciencia.

14. Exigir. Si no exigimos a nuestros hijos, les hacemos un flaco favor. La exigencia no va reñida con la comprensión. Por este motivo, hay que exigirles de forma razonable y objetiva y también evitar facilitarles en exceso su vida. Deben valorar el esfuerzo personal.

15. Valorar. Hay que apoyarse en los puntos fuertes de los hijos para fomentarles el optimismo y la seguridad. La educación en positivo consiste en valorar más el esfuerzo que el resultado y reconocer los logros.

Jaime Márquez
Asesoramiento: Fernando Santos. Profesor de Educación Primaria del Colegio Los Olmos.

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