21 de mayo de 2020

El temido fracaso escolar en tiempos del coronavirus

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El temido fracaso escolar en tiempos del coronavirus
Pautas para evitar el fracaso escolar después del confinamiento - ISTOCK

El temor a que la crisis sanitaria se pueda convertir en una crisis educativa planea sobre la sombra del abandono escolar temprano que en España se situó en 2019 en el 17,9 por ciento, la más alta de la Unión Europea.

El riesgo de que se reaccione demasiado tarde abrirá aún más la brecha digital, que unida a dificultades familiares, puede aumentar la desigualdad educativa, con un incremento de la repetición de curso, caída en los niveles de competencia y, a largo plazo, una desvinculación que concluya en el fracaso educativo.

Nunca como hasta ahora los estudiantes habían dedicado tanto tiempo a aprender, ni los gobiernos ni los padres se habían gastado tanto dinero en enseñarles. Y, sin embargo, el temido fracaso escolar está convirtiéndose en una verdadera lacra para muchos alumnos y sus familias. Una palabra tabú que intenta esconderse bajo distintas denominaciones, "bajo rendimiento", "necesita mejorar", "dificultades escolares"... pero que se refieren a una misma situación problemática.

Las causas del fracaso escolar pueden ser diversas, pero hay que tener muy en cuenta un dato importante: el momento de aparición de las dificultades. Puede ocurrir que los problemas de rendimiento hayan aparecido desde los primeros años de escolarización. Son problemas que suelen estar asociados a dificultades madurativas del sistema nervioso y se solucionan con el paso del tiempo y una intervención adecuada... desde el primer momento.

Si no se atajaron entonces, estos problemas (incapacidad para prestar atención, hiperactividad, falta de destreza visual, dislexias, discalculias...) pueden haber cristalizado en la adolescencia, siendo muy difícil subsanarlos por completo.

Por eso, muchos fracasos escolares no son tales, ya que el adolescente no podía dar más de sí. Ya sea porque arrastre un problema de capacidad; o porque carezca de base en una asignatura o área de conocimiento concreta (los números, las letras...) debido a una dificultad en los primeros años de estudios; o porque, para él, el contenido de una materia es demasiado amplio, etc.

Factores emocionales que influyen en el fracaso escolar

Es más común, sin embargo, que se produzcan los problemas después de varios años de escolaridad durante los que el rendimiento ha sido adecuado. Normalmente suceden ante cambios evolutivos como la adolescencia, y suelen estar asociados a factores de tipo emocional. Varios autores han demostrado que entre un 30 y un 50% de los casos de fracaso escolar se deben, en mayor o menor grado, a este tipo de factores emocionales. Un desengaño amoroso o unos amigos que comienzan a hacer novillos pueden comenzar a echar abajo una carrera prometedora.

Muchos expertos coinciden en destacar dos causas del fracaso escolar por encima de todas las demás y que, en cierto modo, hacen referencia a la complejidad de la etapa adolescente: la falta de motivación y la adicción a malos hábitos de estudio. Da una enorme pena ver cómo muchos abandonan sus estudios no por no tener capacidad, sino simplemente por falta de motivación para dedicarse a estudiar. Y en muchas ocasiones pierden la motivación, precisamente, por no tener un buen método de estudio.

Génesis del fracaso escolar

Cuando un adolescente ve que por más que se esfuerza (aunque objetivamente sea poco) en clase, se aburre estudiando en casa, se desespera cada vez que comprueba las notas que ha sacado... Puede llegar a alguna de estas conclusiones:

- Es que soy tonto (como dice mi madre cada vez que le enseño las notas y me compara con el vecino del segundo -que es listo-). Y, por lo tanto, lo mejor es resignarme y dejar eso del estudio "para los que realmente valen".

- Estudiar no es lo mío. Eso es de empollones que no valen para ligar o meter goles. Los que sacan buenas notas no son más que unos pobres infelices. Todo el día delante del libro como ratas de biblioteca, amargados y sin apenas salir de casa... En cambio yo -que paso de todo menos de curso- no apruebo ni una, pero qué bien lo paso riéndome en clase con los amiguetes, engañando a mis padres y copiando en los exámenes... Lo mío no es el estudio. ¡Lo mío es la vida!

Técnicas de estudio

Una buena manera de prevenir y tratar este problema es incidir en la enseñanza de técnicas de estudio. Su objetivo principal es facilitar al alumno una serie de estrategias que le permitan obtener el mejor provecho a su trabajo. Muchos fracasos se deben al hecho de exigir la realización de un trabajo -el estudio- sin haber enseñado antes a hacerlo.

Las técnicas de estudio son herramientas de ayuda para aprovechar mejor el tiempo y las propias capacidades, pero en ningún caso sustituyen al trabajo que hay que realizar. Es más, al principio incluso requieren un esfuerzo suplementario, pues no suele ser fácil ponerlas en práctica.

Entre las dificultades que presentan las técnicas de estudio es que suelen ser aprovechadas por los alumnos que, en teoría, menos las necesitan. Son aquellos que generalmente tienen buenas notas, los que aprenden a usar los esquemas y resúmenes de forma adecuada y quienes mejor partido les sacan. Los alumnos en desventaja raramente las ponen en práctica; constituye un serio reto profesional plantearse el porqué. La causa principal de este fenómeno podría quedar recogida en la siguiente idea: las mismas dificultades (emocionales o de otro tipo) que están incidiendo en el fracaso escolar, inciden en el aprendizaje y en la puesta en práctica de las técnicas de estudio.

Éxito llama a éxito

No debe olvidarse que el fracaso escolar puede ser algo que se lleve a cuestas desde hace tiempo. Un alumno que nunca haya experimentado el éxito en la escuela, probablemente generará una imagen negativa de sí mismo y llegará a pensar que no está capacitado para controlar nada de lo que le ocurre. El alumno tiene la sensación de que, haga lo que haga, no va a cambiar nada de lo que le rodea porque sus experiencias anteriores así se lo confirman. Por ello, son tan necesarias las experiencias de éxito y que todos los alumnos puedan acceder a ellas.

Las notas, por otra parte, deberían servir para ayudar al alumno, no para frustrarlo. Hay que tener siempre presente que su principal valor consiste en detectar una deficiencia apenas se produce, para remediarla de inmediato. Deben ser un punto de partida, no un punto final. Por eso es importante que en el colegio den los resultados de los trabajos y los exámenes lo más inmediatamente posible.

Claves para el éxito escolar

Tras unas sesiones sobre el éxito escolar celebradas en el colegio Irabia de Pamplona, se ha llegado a las siguientes conclusiones:El éxito escolar consiste en el equilibrio entre el éxito académico, el social y el personal (autoestima, nivel de conocimientos, virtudes humanas, espiritualidad). Se consigue mediante el trabajo conjunto de padres, profesores y alumnos en torno a un proyecto común, para desarrollar las capacidades, hábitos y actitudes (intelectuales, volitivos y sociales) que hacen que el alumno esté contento consigo mismo, en el colegio y en la familia.

Medios para los padres

Los padres necesitan formación para,

  • Dedicar más tiempo a la familia en cantidad y, sobre todo, en calidad.
  • Motivar positivamente a los hijos.
  • Fomentar la comunicación, el diálogo con cada hijo, y la tertulia familiar.
  • Mejorar el ejemplo.
  • Comprender y participar en el proyecto educativo del colegio.
  • Aprender a hacer mejor uso del tiempo libre.

Medios para los profesores:

  • Adquirir capacidad y recursos para motivar positivamente, mediante una atención individual por parte de todos los profesores (no sólo de los orientadores) y recursos didácticos prácticos que ayuden a:
  • Realizar propuestas de trabajo útiles.
  • Desarrollar clases amenas.
  • Enseñar lo importante y orientar en el estudio.
  • Para conseguirlo es preciso contar con la ayuda de la formación continua y una disposición profesional constante de autoevaluación.

Medios para los alumnos:

  • Dominar técnicas de estudio para cada curso.
  • Aprender a aprender.
  • Saber marcarse metas que estimulen el esfuerzo personal.
  • Realizar actividades que mejoren la capacidad de expresión oral, escrita y corporal.

Marisol Nuevo Espín
Asesor: Gerardo Castillo. Doctor en Ciencias de la Educación y Subdirector del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Navarra

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