26 de febrero de 2019

7 pasos para estudiar con eficacia y sin agobios

7 pasos para estudiar con eficacia y sin agobios
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Llegan los exámenes finales y nuestros hijos se convierten en una especie de zombis, angustiados y estresados, cada vez con más ojeras, llorosos porque no llegan a todo. Y no se estudia más ahora que antes. El problema es que muchos estudiantes no tienen un método adecuado que les ayude a sacar el máximo rendimiento a su tiempo y que impida que queden atrapados en una permanente espiral de agobios.

7 pasos para estudiar con eficacia

Un buen estudio no es más que seguir unos pasos adecuados para afianzar conceptos. Pero hay que seguir esos pasos. El profesor José Pascual, del Instituto Pascal, los concreta en siete y señala que, por desgracia, la mayoría de los estudiantes no supera el segundo o el tercero:

1. Prelectura: llevar trabajado desde casa con antelación el material que el profesor va a explicar en el aula permite utilizar las clases para responder a dudas, y no para un primer conocimiento de la materia.

Esta primera lectura permite al alumno situar el tema, ver en qué epígrafes se divide, detenerse en el sobrevuelo en las palabras clave, señaladas de forma especial en el texto, visualizar recursos gráficos, saber de qué va lo que el profesor procede a explicar.

2. Lectura: después de haber asistido a la explicación de la lección, se vuelve a hacer una segunda lectura en profundidad, comprendiendo lo que se lee y situándolo en el conjunto del tema.

3. Análisis: se repasa cada párrafo y se extrae la palabra clave que lo define. Hay que huir por completo de los subrayados en los que se marca todo el texto porque entonces deja de cumplir su misión, que es resaltar lo imprescindible. No permiten abstraer lo fundamental.

El esfuerzo en este apartado consiste en dedicarle un tiempo a determinar cuál es la palabra que permite al alumno comprender y recordar todo un párrafo. Pascual insiste en la importancia de que solo se marque una palabra por párrafo. Si hay dos, habrá que seguir pensando hasta que el alumno determine cuál es la mejor de las dos.

4. Síntesis: a través de la simplificación, se organizan de manera sencilla y visual las palabras clave que se han descubierto en el proceso de análisis. El alumno tiene que aprender el tipo de síntesis que más conviene en cada caso: esquemas, resúmenes, mapas conceptuales y mentales, organigramas... Lo habitual es ir haciendo distintas síntesis hasta alcanzar el mayor grado de sencillez posible.

El valor de esta síntesis radica en que el alumno organiza en una sola página el material contenido en un libro completo. Si el trabajo previo está bien hecho, ya no será necesario recurrir a los textos originales, con lo que todo el estudio de un curso puede quedar comprimido en unos cuantos folios. El efecto sobre las perspectivas de los alumnos es evidente: es mucho más alentador enfrentarse a un esquema por asignatura que a un manual de cientos de páginas por cada materia.

5. Memorización: no se trata del antiguo sistema de estudio memorístico en el que el objetivo era repetir al pie de la letra textos no interiorizados, sino de recordar jerarquías y prelaciones que permiten al alumno no olvidar ningún aspecto de un tema. Se pueden utilizar reglas nemotécnicas para garantizar que no nos olvidamos de nada.

Para ir memorizando, el alumno sigue los esquemas con ellos delante, después evita mirarlos, a continuación comprueba la exactitud de lo que ha dicho y hace hincapié en los aspectos olvidados. Así hasta que sea capaz de trabajar sin recurrir al material sintetizado.

6. Repaso: el estudiante tiene que establecer un calendario de repasos en los que los plazos entre un repaso y otro son cada vez mayores. Es la única forma de recordar a largo plazo.

7. Autoevaluación: la revisión de los contenidos que se han ido estudiando permite mejorar en la aplicación de las técnicas empleadas y subsanar los errores que se localicen. Además, con los resultados de pruebas objetivas en la mano, los alumnos pueden descubrir cuáles son sus propios puntos de mejora.

María Solano Altaba
Asesoramiento: José Pascual, profesor del Instituto Pascal

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