30 de septiembre de 2019

Antes de los 2 años, las pantallas no aportan ningún beneficio

Antes de los 2 años, las pantallas no aportan ningún beneficio
Consejos para limitar el uso de pantallas a los niñosISTOCK

Todos los padres saben que deben limitar el uso de las pantallas (tabletas, televisión, móvil...) en sus hijos, pero los estudios al respecto muestran que, a pesar de que la mayoría de los padres sabe que el abuso de las pantallas no es bueno, son muchos los que permiten que sus hijos pasen horas frente a ellas cada día. ¿Cuántas horas pueden estar los niños conectados y desde qué edad?

Según el informe FAROS (Observatorio de la Salud de la Infancia y la Adolescencia) del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona) de hace unos años, el 38 por ciento de los menores de dos años usa tabletas y móviles, y el 66 por ciento mira la televisión de forma regular. Y además, los niños españoles de entre dos y diecisiete años pasan unas tres horas al día delante de la televisión, datos muy por encima de lo recomendable.

Y es que existe un consenso casi unánime entre la comunidad científica sobre los daños que puede causar la sobreexposición a las pantallas de los bebés y niños en desarrollo y de la necesidad de limitar su uso, pero lo cierto es que a los bebés les fascinan las pantallas y es una manera rápida y sencilla de mantenerlos ocupados, tanto en casa como cuando estamos en un restaurante o esperando en el médico, por lo que todos los padres recurrimos a ellas más a menudo de lo que deberíamos.

Las pantallas y su efecto en los niños menores de 2 años

Incluso hay padres que justifican esta sobreexposición aludiendo a las ventajas educativas que ofrecen algunas aplicaciones de aprendizaje. Sin embargo, la realidad confirma que, en términos generales, las pantallas no aportan ningún beneficio a los niños muy pequeños y, en cambio, pueden tener bastantes consecuencias negativas.

Por ejemplo, los bebés menores de 2 años no deberían estar expuestos nada a las pantallas, puesto que lo que necesitan a esta edad es la estimulación por parte de sus cuidadores para desarrollar todo su potencial. El lóbulo frontal del cerebro, el área responsable de decodificar y comprender las interacciones sociales, es el encargado de desarrollar la capacidad de empatía y de captar y descodificar las señales no verbales. Su desarrollo se produce solo en la infancia y depende de la interacción con personas reales, por lo que, si durante estos años, pasa mucho tiempo delante de personas inventadas, la adquisición de estas habilidades puede ser más limitada.

Además, la falta de interacción con otras personas o la deficiente exploración del entorno pueden causar problemas en el desarrollo del lenguaje, comportamientos agresivos y antisociales, déficit de sueño, etc.

Todos estos datos están avalados por una serie de estudios científicos, que han demostrado que la exposición temprana a las pantallas merma el desarrollo del lenguaje y las capacidades cognitivas. Asimismo, ver la televisión durante al menos 90 minutos al día disminuía el sueño de los bebés de manera notable. Y también tenían más problemas de socialización, más rabietas y más agresividad.

Otro estudio, realizado en Canadá, afirma que los niños que pasan más de dos horas delante de las pantallas pueden tener problemas de atención, lo que afectaría a su aprendizaje y su rendimiento escolar. Según esta investigación, los niños pequeños que estaban muy por encima de esos límites tenían un riesgo mucho mayor de desarrollar problemas de atención (en concreto, tenían seis veces más probabilidades de tener problemas de atención "clínicamente significativos" y casi ocho veces más probabilidades de tener signos y síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)).

Y, por supuesto, la sobreexposición a las pantallas afecta a la salud visual de los niños. Un estudio realizado por la Fundación Rementería demuestra que los niños que pasan menos de cinco horas al día al aire libre tienen un mayor riesgo de padecer miopía, riesgo que aumenta si usan mucho tiempo las pantallas.

Por último, estar mucho tiempo delante de las pantallas hace que los niños lleven una vida sedentaria y dediquen poco tiempo a trepar, correr, saltar y jugar al aire libre, lo que puede conducir al sobrepeso y la obesidad, disminuyendo además la posibilidades de interaccionar con otros niños en otros espacios y ambientes.

Por lo tanto, debemos evitar que nuestros hijos usen las pantallas antes de los 2 años y, a partir de esa edad, una exposición de 20 minutos como máximo que puede aumentar hasta una hora con 5 años.

6 consejos para controlar el uso de las pantallas

1. Sé un buen ejemplo. Para conseguir que tus hijos no usen todo el día las tabletas o los móviles, es importante que tú no te pases el día pegado a ellos. Evita su uso cuando estés con tus hijos. Difícilmente vas a lograr que tus hijos usen poco las pantallas si tú te pasas el día enganchado.

2. No coloques en la habitación de tus hijos ningún dispositivo electrónico. Estos deben colocarse en espacios comunes para que puedas controlar cuánto tiempo los usan y en qué los emplean.

3. No dejes que tu bebé menor de dos años use los móviles, vea la televisión o use las tabletas, a no ser que sea para hacer una llamada o videollamada a un familiar.

4. Si quieres usar algún tipo de pantalla antes de los 2 años, no lo hagas nunca antes de los 18 meses y elige programas de televisión, vídeos y aplicaciones de contenido educativo y estructurados mediante juegos que permitan a los padres también interactuar.

5. Es conveniente que veas siempre la televisión con tu hijo para que puedas explicarle lo que ve y ampliar la información cuando se requiera. Así, si sale contenido poco apropiado en un programa infantil o aparece algo con lo que no estás de acuerdo, podrás explicarle por qué está mal y la forma correcta de comportarse.

6. Elige programas y contenidos apropiados para la edad y la madurez de tu hijo. Evita siempre contenidos violentos o sexistas.

La mayoría de las aplicaciones que se anuncian como "educativas" no han demostrado ser efectivas y no fomentan la socialización. Asimismo, muchas se centran en habilidades como la memoria o la motricidad, que son solo algunas de las habilidades y capacidades que un bebé debe desarrollar en su infancia. Otras, como el control de impulsos, el manejo de las emociones o el pensamiento creativo y flexible se aprenden mejor a través del juego social y no estructurado con familiares y amigos en el mundo real. Por lo tanto, estas aplicaciones se deben usar solo de vez en cuando, pero nunca de manera cotidiana. Hay formas mejores de estimular a los pequeños.

Cuando las pantallas tienen conexión a internet aparece un problema nuevo: los peligros de la red. Y es que son muchos los problemas que podemos encontrar al dejar que los niños naveguen libremente por la red, como el ciberacoso, el robo de datos o identidades, el chantaje y el acceso a contenidos poco apropiados (especialmente de tipo sexual), que puede afectar al desarrollo emocional y social de los niños.

Por eso, además de controlar el tiempo que los niños usan las pantallas debes usar aplicaciones o programas de control parental para evitar que puedan navegar libremente, no dejar que use las redes sociales hasta los 18 años o los 14 si hablamos de redes sociales para menores y, sobre todo, explicarle claramente los peligros de internet y qué no debe hacer al navegar o chatear con otras personas (dar datos personales, mandar fotos comprometidas, etc.).

Irene García. Coautora del libro Crianza con Ciencia

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