¿Tiene algo bueno la adolescencia? 5 motivos de esperanza

¿Tiene algo bueno la adolescencia? 5 motivos de esperanza
25 de julio de 2018 ISTOCK

Parece un lugar común pensar en la adolescencia como una etapa temible para cualquier familia. Los padres hemos oído tantas veces expresiones de este tipo que, según van creciendo los hijos, el miedo comienza a apoderarse de nosotros. Y en el día que cumplen 13 años, esperamos ansiosos que ese día se levanten transformados en temibles monstruos que solo hablan con gruñidos y exabruptos, comen rápido y llevan la ropa más estrambótica posible... posiblemente con el único objetivo de sacar de quicio a sus padres.

¿Los mejores años?
De hecho, cualquiera que haya pasado por la experiencia puede tranquilizarnos, pues no ocurre nada parecido. Sí es cierto que comienzan a vestir de modo distinto (en este sentido sí puede que se cumpla la profecía) y también hablan de un modo ininteligible cuando llaman por teléfono a sus amigos...

No existen los adolescentes perfectos, pero más que imaginarnos estos años como un periodo horroroso cabe una posibilidad atractiva: en muchos sentidos, son los mejores años. En el futuro recordaremos estos años con agrado, pues, por ejemplo, es el tiempo en el que comienzan a verse los resultados de nuestra labor educativa.

¿Qué es lo que se puede esperar de estos años terribles? ¿Cuáles son esos motivos de esperanza?

1. Se puede hablar con ellos como adultos.
Cuando los niños son pequeños, todo debe filtrarse. Al hablar con ellos siempre pensamos en si lo entenderán, en si están preparados para esa explicación. Con los adolescentes, sin embargo, todo puede convertirse en motivo de conversación, tanto lo bueno como lo malo. Siempre y cuando recordemos que nosotros somos los padres -algo muy cierto tanto cuando tienen 4, 14 ó 40 años-, podemos hablar con ellos de lo que queramos y sin necesidad de echarles interminables sermones. Podemos contarles nuestras razones, lo que realmente nos preocupa. Por supuesto, no podemos esperar que siempre estén de acuerdo con nosotros, pero, al menos, podemos tener una idea mucho más clara de por qué nos ignoran... lo que ya es mucho.

2. Recuerdos
Una de las más sorprendentes ventajas de tener hijos adolescentes es que nos hacen recordar nuestros propios años de granos y gallos. Siempre habrá experiencias que nos gustaría olvidar pero experimentar los años adolescentes de nuevo con nuestros hijos nos hace comprenderles mucho mejor. Por ejemplo, nos hace recordar todos los miedos y traumas por los que hemos pasado que, en la mayor parte de los casos, se trataban de tonterías y cosas sin importancia. Y eso nos ayudará a poner las preocupaciones y los problemas en su justo lugar. Cuando escuchamos a nuestros hijos, oímos como un eco de nuestras propias palabras tampoco hace tanto tiempo.

3. Conocer a sus amigos
Hacer del propio hogar el lugar preferido de nuestros hijos adolescentes no es algo tan difícil y, además, nos hará pasar momentos curiosos ya que puede convertirse en una fuente de conocimiento. Con los amigos de nuestros hijos en casa, nos damos cuenta de lo que significa la presión del grupo (teniendo en cuenta que nuestro propio hijo también forma parte de la presión que puede llegar a ejercer la pandilla en otros momentos). En muchos sentidos, sus amigos son como un espejo de nuestro propio hijo y nos da la oportunidad de mirar dentro para ver qué piensa realmente. Además, sus amigos no conocen nuestros trucos tan bien como nuestro hijo y podemos descubrir un montón de sorpresas.

4. Cambian las relaciones
Casi a tanta velocidad como manejan la cadena musical para encontrar su emisora preferida, nuestro hijo abandonará pronto los primeros años de la adolescencia. Habiendo dejado atrás las locuras, las rebeldías y los encontronazos, nuestra relación con ellos comienza a cambiar. Aunque seguimos siendo los padres, comenzaremos a relacionarnos con ellos como si fueran cada vez más adultos. Nos encontraremos haciendo cosas con nuestros hijos adolescentes que antes solo hubiéramos hecho con nuestros amigos. Y nos daremos cuenta de que es mucho más divertido tratarles ahora. La otra cara de la moneda consiste en que ellos se mostrarán ahora mucho más dispuestos a contarnos orgullosos cómo se han divertido durante este tiempo... y nosotros acabaremos horrorizados.

5. Una nueva perspectiva en sus valores
Durante los años adolescentes, nuestro hijo comienza el proceso de adquisición de los valores y también comienza a vivirlos como un adulto, no porque se lo exijan sus padres. Ya saben qué es lo que tienen que vivir y cómo; ahora es necesario que descubran los porqués: los razonamientos y argumentos que les motiven a vivirlos con responsabilidad. Y este es un peregrinaje vital. No es algo de lo que debamos separarnos, y resulta muy importante que sigamos hablando de ello con los hijos jóvenes: nos sorprenderemos de lo mucho que también aprendemos nosotros.
Guillermo Docabo
Asesor: Bob Lockwood
Especialista en temática adolescente