19 de noviembre de 2020

Pensar y sentir, los imprescindibles en la adolescencia

Pensar y sentir, los imprescindibles en la adolescencia
Para madurar en la adolescencia es imprescindible dedicara tiempo a pensar - ISTOCK

Parece obvio que pensar es razonar, reflexionar, meditar, proyectar y todo ello, resulta enriquecedor para la persona y mucho más, para los adolescentes. Quien cultiva y logra el hábito de pensar, tiene mucho ganado para llegar a buen puerto en el navegar de su vida.

Diferencia entre pensar e imaginar

Pensar no es imaginar, es algo diferente, a pesar de que lo propio de la adolescencia es enfrascarse en su mundo imaginario, que en muchas ocasiones, no es real, ni tan siquiera puede convertirse en realidad.

La imaginación tiene su parte positiva, siempre y cuando soñemos grandes proyectos que pueden convertirse en reales y beneficiosos para los demás, la sociedad y por consiguiente, para nosotros.Imaginar falsas ideas o ilusiones irreales, pueden formar una mente inmadura e irresponsable: "Sueño con ser astronauta", pues si te lo propones y tienes capacidades, quizás podrás lograrlo. "Me imagino casada con algún príncipe heredero", verdaderamente, parece que este sueño es más improbable, así que será mejor que imagines otras cosas más reales. "Lo único que tengo en mi imaginación es que la empollona de mi amiga saque peores notas", pues va a ser que "no", es mejor que imagines y pienses en otra cosa, porque esta clase de pensamientos lo único que va a conseguir es llenarte de rabia y odio por dentro.

Tampoco es lo mismo pensar que sentir

Pensamiento y sentimiento son dos ámbitos muy distintos entre sí y a la par, íntimamente conectados. La edad de la adolescencia se caracteriza por percibir distintos estados de ánimo de manera radical, sin saber el por qué, sin alcanzar o identificar su causa o razón motivadora. "Me siento triste y cansado y no se por qué"; "Me da igual, estoy contento aunque no por nada en especial".

Para madurar, tenemos que reflexionar en cuáles son las causas y los motivos que nos hacen sentirnos de una determinada manera u otra. En la adolescencia, la afectividad crece aún más que el cuerpo y así como consigan madurar nuestros hijos adolescentes, así formarán su personalidad.

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Pensamiento y cuerpo

"No sabes lo que pienso, no tienes ni idea de mis sentimientos". Es otra de las habituales contestaciones de los adolescentes. Verdaderamente, esta es una respuesta correcta, porque nadie puede conocer a fondo los pensamientos de otro.

Sin embargo, nuestras actitudes corporales, propias de cada persona, pueden alumbrar o dejar ver los pensamientos internos. "Los ojos son el espejo del alma", dice el refrán, y es que una manera de mirar, un gesto facial, la forma de torcer el cuello, de movernos, dicen tanto o más de una persona que lo verbal, que lo que comunicamos con las palabras. Por ejemplo, ver caminar desde lejos a alguien conocido delata su identidad, y si es desconocido, puede delatar parte de su forma de ser antes de que podamos ver su cara.

Así mismo, las emociones también se asientan en diferentes partes del cuerpo: "La tristeza en la frente, la ansiedad en el estómago, la ira en la garganta. El poder del pensamiento sobre el cuerpo es extraordinario y cuando el pensar es positivo, el beneficio puede ser inmenso", (José Mª López Sánchez, Universidad de Granada.)

Consejos para pensar y sentir en la adolescencia

1. La sensatez implica conocer los datos, reflexionar, decidir y aprender. ¡No te lo pierdas!

2. Aprende a ser decidido/a. Elige y descarta. Actúa y después reflexiona para aprender.

3. No pienses en caliente o en estado de ansiedad. En esas circunstancias: retrasa las decisiones.

4. Si conoces los defectos en el proceso de tu pensar, podrás ponerles remedio. ¡Déjate aconsejar al respecto!

5. Si logras teñir tu pensamiento con sentido del humor, mucho tendrás ganado.

6. Dormir bien facilita el buen pensar. Y viceversa.

7. Dichoso el que piensa y escucha... aprenderá cosas nuevas.

8. Que tu pensamiento ilusionado y sereno se traduzca en actos. No seas como un campo baldío.

9. El diálogo vivo, la tertulia, la lectura o practicar la escritura espontánea y creativa, mantienen y mejoran nuestras facultades pensantes.

10. Acostúmbrate a pensar en positivo, hazlo habitual en tu vida. Te conducirá a la felicidad y repartirás gozo y serenidad.

Dr. Manuel Álvarez Romero. Director del Centro Médico Psicosomático de Sevilla y autor del libro ¿Sabes pensar?

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