Mi pareja... ¡y si me hubiera tocado otra!

Mi pareja... ¡y si me hubiera tocado otra!
18 de abril de 2018 ISTOCK - ARCHIVO

Alguno de mis lectores me comenta sus esfuerzos para que "el otro" lea estas p ginas de Hacer Familia. Como la mayor¡a de ellos son amigos m¡os, tienen cierto pudor en profundizar cuando hablamos. Sin embargo, cuando es posible mantener el anonimato, con frecuencia apostillan con cierto desencanto: "a este marido/mujer que me ha tocado en suerte no hay forma de hacerle que se interese por estos temas".

TEXTO: Para romper el clima de escepticismo o de desaliento suelo salir en clave de humor: "estar s de acuerdo que no te ha tocado en una t*mbola". Es el momento en que el interlocutor desgarra toda una serie de consideraciones acerca de las sorpresas que se ha llevado a lo largo del tiempo, desde el primer d¡a que conoci* a la otra parte.

Hay que darle la raz*n: la vida es cada d¡a distinta. Son diferentes las circunstancias que nos rodean y que act*an sobre nuestro nimo. Es cambiante nuestra propia respuesta ante acontecimientos semejantes aunque nunca iguales. Una misma realidad puede parecer distinta seg*n el ngulo desde el que miremos.

Vivir en presente
Vamos a intentar reflexionar un poco con serenidad. Uno de los fen*menos que m s atormenta al ser humano es no vivir en el tiempo presente. Pasamos gran parte de nuestra vida a*orando *pocas pasadas para registrarlas en "columnas" seg*n nuestro estado de nimo: las que llamamos felices para envolverlas en un halo de fascinaci*n con el envoltorio del recuerdo; y las que ansiamos que lleguen, pero se acercan despacio, o las que tememos que nos sucedan y nos paralizan de miedo.

A pesar de los a*os no acabamos de convencernos de que el *nico modo posible de actuar sobre la realidad est situado precisamente en el hoy y en el ahora. El pasado es irrepetible y el futuro imprevisible. *Para qu* vivir de recuerdos o de ensue*os? Es en el momento presente donde verdaderamente se realiza nuestra existencia y podemos poner las bases del acontecer futuro.

Con frecuencia, la mayor¡a de las horas que pasamos encerrados en el laberinto de nuestras a*oranzas o en los devaneos del porvenir son tiempo perdido y ganas de escudarnos en disculpas para no afrontar la realidad diaria tal como es. Resulta duro, ya lo s*. Pero la vida de las personas s*lo encuentra la felicidad cuando estamos dispuestos a asumir los acontecimientos en su verdadera dimensi*n y con todo lo que pueda suponer de lacerante.

Todos cambiamos
Efectivamente, nuestro marido/mujer ha cambiado mucho. Es lo *nico que certifica es que est vivo.

- "Bien, bien, todo est muy bien, pero... *qu* puedo hacer?".

En primer lugar, no buscar l¡neas de escape. No buscar distracciones que nos aturdan o superficialidades vaporosas para olvidar la situaci*n. Tampoco cerrar los ojos y "seguir viviendo" sin pasar malos tragos. Y de ninguna manera rodear los acontecimientos de un coro de lamentaciones hasta convertirlo en una tragedia griega.

A continuaci*n, tener una gran confianza en la capacidad de reacci*n del ser humano. Es imprevisible la capacidad de grandeza que puede desarrollar una persona aunque se encuentre en condiciones de deterioro dif¡ciles de imaginar. No es *sta una consideraci*n optimista del acontecer diario, es el resultado de echar un vistazo a la historia y a las biograf¡as m s pr*ximas para llegar al convencimiento de que siempre es posible resolver problemas.

Pon amor
Toda esta potencialidad transformadora reside en una fuente de energ¡a sin l¡mites: el amor. Es muy conocida la conclusi*n de Juan de Yepes: "Donde no hay amor, por amor y sacar s amor". El secreto est en que ese amor no es un trufado de sentimientos con vetas de cabello de ngel. Es una tarea donde hay que poner la inteligencia y hacer operativa la voluntad para repetirse muchas veces aquello que Teresa de _vila se repet¡a: "Aunque me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera".

Un paso m s nos llevar a analizar con valent¡a cu les han sido nuestras carencias. Qu* huecos o lagunas hay en nuestra relaci*n con el otro, qu* omisiones o cu ntas disfuncionalidades. La mejor forma de acarrear fuerzas para templar nuestro nimo en la gran tarea que nos espera es la consistencia interior que produce haber dado personalmente los primeros pasos. Mirarnos a nosotros mismos antes de convertirnos en fiscales acusadores del otro.

Dar sin medida
S*lo preciso no perder la iniciativa en el dar. Dar siempre sin cansarse y sin esperar nada a cambio. El amor no es un mercado de moneda f cil donde siempre se pretende el regateo para alcanzar la mejor mercanc¡a por el menor precio. Eso es en las rebajas. En el matrimonio no hay saldos.

- "*Y si no se entera? *Si no se da cuenta de mis esfuerzos?".

A ti qui*n te ha dicho que no se entera. Esa reacci*n ya es un producto de la fantas¡a. Otra cosa bien distinta es que no acuse recibo, pero ya hemos dicho que no se trata de una mercanc¡a.

Amar y sufrir
- "*Y piensas que voy a ser feliz dando, sin recibir nada a cambio?". Eso depende de tu talla humana. Conozco gente inmensamente feliz mientras act*a de esta forma. Como no son de piedra es l*gico que sufran. *Qui*n ha dicho que sufrimiento y felicidad son incompatibles? El final de aquel verso cl sico lo recuerda: "Que no hay amante mejor que aquel que ha sufrido mucho".

Ya se entiende que no me estoy refiriendo a enfermos mentales que se revuelcan en el dolor. Hablo de personas con una textura humana muy bien trabada que no buscan el dolor pero cuando tropiezan con *l saben darle un sentido positivo, un destino, una finalidad que lejos de abatirlas las madura o inyecta en su vida una fuerza arrolladora.

Todo esto sin rigideces, sin estoicismo para convertirnos a nuestros propios ojos en unos h*roes de madera. No se trata de posturas dignas ni de gestos ampulosos. Me refiero a una actitud amable, flexible, despreocupada, animosa, desapercibida.

Detalles de cada d¡a
Para ello una buena estrategia ser no plantearse saltos desproporcionados, cambios irrealizables, metas dif¡ciles de conseguir. Es en lo sencillo donde est el secreto: el beso de la llegada, la invitaci*n que no se espera, la peluquer¡a oportuna, la ayuda en poner la mesa.

- "Eso son tonter¡as", me dices.

Te contesto que t* sabes que no lo son. Otra cosa bien distinta es que "no te lo pida el cuerpo" y no te salga. Haz la prueba. *Has comprobado que si te pones a canturrear en el coche te mejora el humor que ten¡as hace diez minutos?

Hab¡a que terminar de esa forma porque nuestra conversaci*n de hoy ha discurrido por parajes demasiado serios. A veces, en nuestra vida se tiene la misma sensaci*n que se experimenta en Hollywood cuando te ense*an los estudios Universal. Ves las maquetas donde se han desarrollado las grandes batallas o los decorados del terremoto de San Francisco y te produce risa. *Ser que es verdad aquello del teatro del mundo?

Es cuesti*n de acercar o alejar el objetivo de la c mara.