¿Tienes permiso para gritar a tus hijos?

¿Tienes permiso para gritar a tus hijos?
16 de abril de 2018 ISTOCK

Muchos padres han decidido criar a sus hijos sin gritos, sin castigos y sin azotes. Han elegido no perder el control y solucionar los conflictos de la manera más suave posible. Sin embargo, muchos de estos padres, a pesar de su decisión consciente, pierden el control. Por ejemplo, cuando sus hijos empiezan a pelear. O cuando después de un día largo, los niños no obedecen. Los padres, exasperados, recurren a los gritos.

¿Tienes permiso para gritar a tus hijos? Estos gritos a veces consiguen parar el conflicto, a veces no. A veces logran que los niños obedezcan, a veces no.

Los gritos generan culpa en los padres

Casi siempre esos gritos tienen un efecto secundario muy desagradable: esos padres se ven invadidos por un intenso sentimiento de culpa que les hace sentirse mal. Muy mal.
En mis consultas privadas online me encuentro con madres que varios días después de una pérdida de control, aún están afectadas y dolidas consigo mismas por haber gritado a sus hijos. Es comprensible, ¡a mí me pasa lo mismo! Gritar a otra persona, sea quien sea, no es ideal y a muchos nos hace sentir fatal.

¿Con qué frecuencia gritas a tus hijos?

Si en una familia los gritos aparecen a diario, o si son una manera habitual de comunicarse, hay un problema. La convivencia es desagradable, el clima violento y probablemente nadie se sienta a gusto y seguro en ese entorno. O si hay determinadas situaciones que siempre se solucionan con gritos. En estos casos es conveniente buscar otras estrategias para solucionar esas situaciones, estrategias más respetuosas. A veces es necesario pedir ayuda a un profesional.

Aprovecha tus gritos para aprender a hacerlo mejor la próxima vez

Pero si los gritos son esporádicos, aparecen un par de veces al mes, los padres tienen que hacer un esfuerzo para no sentirse los peores padres del mundo. Esta situación es una oportunidad de aprendizaje. La madre que ha gritado a sus hijos puede reflexionar: "¿Por qué lo he hecho? ¿Qué ha provocado mis gritos? ¿Qué puedo hacer la próxima vez para reaccionar de otra manera?". Así estará preparándose para hacerlo mejor en el futuro

Aunque no te lo creas, tus gritos pueden enseñar cosas importantes a tus hijos

Si de vez en cuando gritas a tus hijos, no te sientas fatal porque esos gritos estarán enseñando a tus hijos algunas cosas valiosas:

- Que, como humano que eres, pierdes el control.
- Que las personas que nos queremos también tenemos conflictos.
- Que a veces las emociones son más fuertes que nosotros.
- Que su madre no es perfecta.
- Que la convivencia con otras personas es complicada.
- Que el mundo no es perfecto.

Siempre que les grites, pídeles perdón

Es importante que después de perder el control pidas perdón a tus hijos. Pedir perdón no implica darles la razón o dejarles que no te obedezcan. Pedir perdón es reconocer que les has tratado mal. Puedes decirles: "Siento haberos gritado. Sé que os he asustado. He perdido el control, perdonadme".

Cada vez que pides perdón a tus hijos les estarás enseñando:

- A ser humildes.
- A buscar la reconciliación cuando tengan un conflicto con alguien.
- A reconocer que somos imperfectos.
- A no ser rencorosos.

Sobre todo, les estarás enseñando a pedir perdón.

Siempre hay alternativas a los gritos

Cualquier situación, por difícil que sea, se puede resolver sin gritos, con conexión y empatía. Siempre. Pero para que fuéramos capaces de resolver todos los conflictos sin agresividad de ningún tipo, tendríamos que ser robots a quienes las emociones, el cansancio, el estrés etc. no afectan.

Intenta relacionarte con las personas de tu entorno, incluidos tus hijos sin gritos. Busca siempre el camino del respeto y la empatía. Pero reconoce que eres humana y que a veces vas a perder el control.

Gritar no es ideal, pero si ocurre ¡no te machaques!

Cuando pierdas el control, perdónate. Piensa: "No me ha gustado lo que he hecho, y no he sabido hacerlo de otra manera. Voy a pensar cómo reaccionar mejor la próxima vez". Trátate bien, con cariño. Abraza a tus hijos. Abrázate a ti misma internamente. No te machaques. Sonríete y reconcíliate contigo misma.

Y piensa en la cantidad de cosas buenas e importantes que haces por tus hijos cada día de tu vida.

Amaya de Miguel. Fundadora de Relájate y educa y autora del curso ¡No más peleas entre tus hijos!

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