Los peligros del 'puntillo de alcohol' para los adolescentes

Los peligros del 'puntillo de alcohol' para los adolescentes
7 de marzo de 2018 ISTOCK - ARCHIVO

España cuenta en la actualidad con más de 160.000 puntos de venta y de distribución de bebidas alcohólicas, más que en el resto de la Unión Europea. El alcohol se encuentra tan enraizado en nuestro entramado social que se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana, internándose en el mundo de las relaciones sociales y laborales. Se bebe cuando se queda con amigos, para cerrar acuerdos, para festejar, para olvidar, al salir del trabajo, antes de comer...

Los adolescentes se encuentran a la cabeza de los grupos consumidores de alcohol en nuestro país. Se estima que entre un 60% y un 70% de los adolescentes consumen alcohol de forma habitual, alcanzándose los mayores niveles en Madrid, Barcelona y País Vasco. La inmensa mayoría se inicia entre los 13 y 15 años de edad y un 15% se inicia antes.

Razones por las que beben los adolescentes

¿Por qué beben nuestros hijos adolescentes? Consumir alcohol es una forma de romper con las pautas propias de los niños y comenzar a adoptar las de los adultos. Con una copa en la mano, dicen a todo el mundo: "ya no somos unos niños". Si queremos comprender el porqué del generalizado abuso de bebidas alcohólicas por parte de los adolescentes hay que entender que muchos de ellos lo hacen por razones de búsqueda de identidad: sentirse mayores y también mostrarse mayores.

Otra razón, igualmente importante y en la que influye mucho los modelos que muestra la publicidad, consiste en que últimamente tiende a considerarse el beber como algo necesario para divertirse. "Sin cerveza no hay rollo". Parece que no se concibe la diversión si no hay cerveza o cualquier otro tipo de alcohol por medio.

Cerveza, sidra... ¿por cuál se empieza?

Las pandillas de adolescentes consumen alcohol en su mayor parte para alcanzar un estado anímico eufórico que aumente la sensación de diversión, y que ellos mismos denominan "puntillo". No se trata del consumo tradicional de alcohol, el de unas cañas al salir del trabajo. La graduación de las bebidas que consumen van aumentando de forma progresiva y paralela con la edad.

Los jóvenes de 15 y 16 años ingieren normalmente cerveza o sidra, según la localización geográfica, pero cuando rondan los 18-19 años se dispara el consumo de las mezclas de varios alcoholes, como la "leche de pantera". Se ponen de moda los exóticos taponazos de tequila, vodka... que se toman de un solo trago. Y el cubata se convierte en verdadero protagonista.

A por el 'puntillo de alcohol'

El alcohol en pequeñas dosis estimula la corteza del cerebro. Así, al principio notamos cómo mejora nuestra capacidad de raciocinio. Parece que pensamos mejor... pero se trata de un efecto muy transitorio y, enseguida, se sobrepasan los muy estrechos límites de cantidad de alcohol inocua.

Tras las primeras cervezas, se pasa por un inicial sentimiento de euforia, de bienestar, con locuacidad, desarrollo de la imaginación y simpatía... Lo ideal para una noche de movida. Pero el problema reside en que este estado se acompaña por una pérdida del sentido de autocontrol. En muchos casos, esta situación lleva a seguir ingiriendo alcohol con la idea equivocada de que si ahora estamos bien, con más alcohol estaremos todavía mejor.

El resultado es catastrófico y conocido por todos. Con la borrachera se pierden conceptos como la responsabilidad, las normas elementales de la convivencia y de la prudencia. La borrachera puede parecer peor, pero el "puntillo" es más peligroso: como aún existe conciencia, los chicos y chicas piensan que van bien y pueden conducir sus motos o coches.

Efectos del alcohol en el organismo

El alcohol, por sí mismo, no es bueno ni malo, depende de la cantidad y del organismo que lo consuma. El alcohol precisa para su correcta eliminación unos mecanismos complicados que van madurando con los años. A nadie se le ocurriría dar un plato de lentejas a un recién nacido no porque las lentejas sean malas, sino porque no las puede asimilar.

Y el organismo no está maduro (sobre todo las principales funciones, como la hepática y, sobre todo, la cerebral) para asimilar el alcohol hasta, más o menos, los dieciocho o los veinte años. Beber alcohol a edades tempranas puede dar lugar a efectos indeseables, no a causa del alcohol, sino por la falta de adaptación del cuerpo para manejarlo.

Ricardo Regidor
Asesor: Guillermo Cánovas. Director de EducaLIKE

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